jueves

El tiempo en la mirada

Me quedaba absorta, como tonta, viendo como se pintaba las uñas. 

Yo nunca me las había pintado, ni siquiera las de las manos, ni siquiera en mi época de querer parecerme a lo que no era.



A veces llegaba, a mediodía y en la casa había un rumor suave, esa especie de murmullo ahogado que produce el pliegue de la mañana sobre la tarde. Yo caminaba en silencio, amortiguando mis pasos, quizás para sorprenderla o quizás solo para no ensuciar ese rumor. 


Cuando llegaba al baño podía ver cómo salía por el hueco de la puerta una luz que hubiera envidiado Fra Angelico, y yo me quedaba de pie en el quicio, mirándola, en silencio sin apenas respirar, envuelta en una toalla blanca, pintándose cada uña de cada dedo del pie como si el mundo pendiese de ese instante.


Y el tiempo quedaba atrapado en ese pequeño espacio, en ese gesto, en mi mirada.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas 

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