El cine aún era mudo y había un pianista rubio del que estábamos enamoradas todas las chicas. Nos gustaba ver su espalda triste iluminada por la luz que caía de la pantalla. No era de aquí, de Bovra. No sé de dónde vendría, ni lo que fue de él.
Todo parecía que iba a durar siempre, y todo se ha ido deprisa, sin dejar nada.
Rafael Chirbes, La buena letra
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