jueves

Una casualidad que raya en lo increíble

—Vamos a pensar un poco— se dijo Montalvano, tumbado en la cama en calzoncillos, camiseta y calcetines-. Un imbécil que se apellida como yo es contratado para que asesine a una señora. El imbécil no conoce el domicilio de la víctima: le será comunicado en cierto establecimiento mediante una llamada desde Nueva York. Mi tocayo, que llega con retraso a la cita telefónica, se dirige corriendo a la trattoria de Peppe, pero lo arroya un automóvil y muere poco después. Por una casualidad que raya en lo increíble, yo, que me apellido Montalvano como él ,acudo a esa trattoria y contesto a la llamada. Y ocurre lo que ocurre.

Andrea Camilleri, La nochevieja de Montalvano

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