sábado

Noche de descanso

Esa tarde le dije a Karem que había quedado con los chicos para tomar unas cervezas. Karem no suele ponerse celosa pero pareció sospechar algo.

— ¿No le importa a Arthur dejar a su mujercita sola un viernes por la noche?

Era una buena pregunta. Desde que se casó Arthur, su mujer, la mojigata y castradora Hellen, no le deja salir ni a bajar la basura.


— Arthur no va, he quedado con Brian y Paolo.
— No me gusta Paolo.

Lo sabía, sabía que no le gustaba Paolo y, por tanto, sabía que no le llamaría ni comentaría nunca con él lo de la salida de ese viernes. Con Brian sería más complicado, con él sí habla a menudo. Pero Brian era amigo mío y mentiría por mí.

Eso es lo que iba a ser esa noche, una noche de mentiras, una salida sin otro plan más que jugar a no decir la verdad. Desde que me había ido a vivir con Karem vivía en una verdad tan fuerte que me hacía daño. 
Solo otro mentiroso puede entender que obligar a una vida de sinceridad a alguien que, como yo, llevaba media vida viviendo en la mentira, era una tortura. 

No era nada personal, solo necesitaba descansar.


L. Carlson, Una noche en el suburbano. Traducción de Ana Belén Sierra 

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