Cuando entró a trabajar en el bar, era moza talluda. Había correteado por su barrio, que era Legazpi, hasta ponérsele las ancas solteronas y agrias, quiero decir dormideras, y algo fondonas. Tuvo su novio allí, en el bario, y también en el barrio sus lágrimas y su pintura corrida. Y cuando acabó todo, y eso de "mira, chica: vamos a dejarlo" se oyó por última vez, ella para hacer más llevadero el tiempo y olvidar, se colocó en Argüelles, en un bar, y esto la obligaba a un largo desplazamiento diario en tranvía o metro, es decir, se dio a los viajes.
Medardo Fraile, La cajera
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