Una chica muy rara
— No te lo podrás creer, pero cuando yo era chica no teníamos puerta en casa.
Arturo movió su copa como el que mueve una varita mágica, el whisky estuvo a punto de derramarse.
—¿Cómo que no teníais puerta? ¿Qué quieres decir?
—Es fácil, no había puerta para entrar y salir del apartamento.
—¿Qué dices? ¿Por dónde entrabáis entonces? ¿Por la ventana?
—Entrábamos y salíamos por el balcón.
—¿Y esa rareza? Creo que eres una chica muy rara.
Yo también le di un trago a mi copa, las palabras comenzaron a salir más cálidas.
—Ya ves, hasta que no me hice mayor no fui consciente de que era una rareza.
—¿Y en qué piso vivías?
—¿La altura?
—¿Era un piso muy alto? ¿Ya tenías alas?
—El bloque tenía ocho pisos y vivíamos en el sexto.
—No me contestaste lo de las alas.
Patricia Newell, Un balcón a la avenida
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