martes
lunes
Nostalgia y vanidad
Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será, me digo, pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos, y la cronología se perderá en un orbe de símbolos premodernos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado.
AFMIsla de Mallorca, 20 de diciembre de 2004
domingo
Habitación 383
Julio Camba, que comparaba el adjetivo con los antibióticos –«ha ido perdiendo eficacia a medida que usaba y se abusaba de él»–, decidió confinarse los últimos años de su vida en el Hotel Palace de Madrid. Alquiló la habitación 383 en 1949 y allí murió en 1962, como un fantasma solitario que deambulaba entre sus cuatro paredes y que deslizaba su pluma sobre cuartillas tumbado en la cama con una visera verde.
«Al anochecido bajaba al 'hall' con su bastoncito. Se ponía, en invierno, cerca de la calefacción y nunca le vi pedir un agua mineral, ni leer un libro, ni ojear un periódico». Palabras de César González-Ruano escritas un año después de su muerte; un genio de la escritura que detestaba escribir y que más allá de ir a restaurantes no se le conocía pasión alguna. De ahí su único libro que no fuera una recopilación de sus artículos, su memorable ensayo gastronómico titulado 'La casa de Lúculo', y del que cuentan que lo escribió porque le pagaron por adelantado: «La cocina española está llena de ajo y de preocupaciones religiosas».
Pablo Gacía-Mancha
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tarde
Dormir tarde
And all your bad days will end
And all your bad days will end,
You have to sleep late when you can
And all your bad days will end.
Y todos tus días malos terminaran
y todos tus días malos terminaran,
tienes que dormir tarde cuando puedas
y todos tus días malos terminaran.
The Flaming Lips, Bad days
martes
Nadie está pensando en ti
Sí, parece que algunos de tus amigos te están traicionando; tu pareja o tu cuñada o tu abogado creen que estás echando algún kilo; ven menos pelo en tu cabeza; tu cliente desconfía de tu argumento... Créelo: nadie está pensando en ti. Están ocupados pensando en sí mismos. Igual que tú.
Roger Rosenblatt
lunes
El hueco mínimo
Cada libro que escribía parecía llevarme a dejar de escribir. Lo publicaba y me instalaba en un estado de callejón sin salida, y los amigos volvían a hacerme la pregunta habitual: “Y después de esto, ¿qué vas a hacer?”. Y yo pensaba que todo había terminado. Me costaba salir de ese callejón. Pero por suerte, siempre a última hora, me acordaba de que la inteligencia es el arte de saber encontrar un pequeño hueco por donde escapar de la situación que nos tiene atrapados.
Y yo siempre tenía la suerte de acabar encontrando el hueco mínimo y me escapaba, y entraba en un nuevo libro.
Enrique Vila-Matas, El futuro
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domingo
Era esto
sábado
El método
Los lógicos, los detectives, los jurados, las mujeres celosas y los miembros de la Real Sociedad Astronómica reconocen esta indeterminación, pero conservan la ilusión de que el método de concordancia constituye una evidencia real y final.
Charles Fort, El libro de los condenados
viernes
Raídos cortinajes
Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.
Leopoldo María Panero
miércoles
De dados a dados
No me recuerdes tu nombre,
prefiero tenerlo siempre en la punta de la lengua.
Antonio Carreño, Y cosas que me callo
martes
Todo el tiempo que haga falta
Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases.
Sí. Podría unir mi vida uniendo casualidades.
Ana, en Los amantes del Círculo Polar (Julio Medem, 1998)
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Escribir para nadie
Costafreda fue el “maldito” de la generación de los cincuenta. (...) los elogios convivieron con el claro rechazo de la sociedad literaria hacia su obra.
Ya en vida se le dejó de citar y excluyó sistemáticamente de todos los recuentos y antologías, algo que soportó muy mal, hasta el punto de sentirse separado de todo y de todos, de su país y de la mayor parte de los que seguían considerándose sus amigos. Al final, comentó alguien, escribía para nadie.
Enrique Vila-Matas, Sucesores de Costafreda
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domingo
Crear un personaje
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Mauricia la Dura representaba treinta años o poco más, y su rostro era conocido de todo el que entendiese algo de iconografía histórica, pues era el mismo, exactamente el mismo de Napoleón Bonaparte antes de ser Primer Cónsul.
Aquella mujer singularísima, bella y varonil tenía el pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto. Cuando se agitaba mucho trabajando, las melenas se le soltaban, llegándole hasta los hombros, y entonces la semejanza con el precoz caudillo de Italia y Egipto era perfecta.
No inspiraba simpatías Mauricia a todos los que la veían; pero el que la viera una vez, no la olvidaba y sentía deseos de volverla a mirar. Porque ejercían indecible fascinación sobre el observador aquellas cejas rectas y prominentes, los ojos grandes y febriles, escondidos como en acecho bajo la concavidad frontal, la pupila inquieta y ávida, mucho hueso en los pómulos, poca carne en las mejillas, la quijada robusta, la nariz romana, la boca acentuada terminando en flexiones enérgicas, y la expresión, en fin, soñadora y melancólica.
Pero en cuanto Mauricia hablaba, adiós ilusión. Su voz era bronca, más de hombre que de mujer, y su lenguaje vulgarísimo, revelando una naturaleza desordenada, con alternativas misteriosas de depravación y de afabilidad.
Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta
sábado
Aire de anonimato
Cipper, del que se conocen obras fechadas entre 1700 y 1736, gustó de representar en diversas ocasiones mujeres en actitud similar a la que ofrece la joven de este pintura.
La oscuridad que rodea al pintor quizás no deba contribuir a localizar en su obra otro tipo de argumentos que la pura traducción de lo que él veía a su alrededor y deseaba reflejar en sus pinturas. Sin embargo, no deja de llamar la atención su reiterativo interés por presentar a muchos de sus modelos en actitud de desarrollar un determinado trabajo.
Aunque caracteriza perfectamente a sus personajes, todos están imbuidos de un aire de anonimato que les convierte en arquetipos con los que pretende seguramente dignificar sus humildes oficios. Podría aventurarse hasta una cierta crítica social al haberse casi negado a representar otro tipo de géneros, colocándose al lado de los desfavorecidos de la fortuna.
Curiosamente, este pintor, cuyo apodo revela su origen austriaco, alcanzó un gran éxito entre sus contemporáneos, a juzgar por la abundante producción conocida, justificada por ser el único que en Bérgamo y Milán que se especializó en el menor de los géneros menores. No obstante, careció del favor de la crítica y los reconocimientos literarios le ignoraron.
En su obra prosiguió la tradición caravaggiesca, aunque desdramatizándola de contenido, buscando representar la realidad dura e inmediata de las clases menesterosas enfrentadas al trabajo con desenfado y sarcasmo. De ahí que la risa abierta, la sana alegría o el guiño de complicidad sean, en multitud de ocasiones, el gesto habitual que sirve para distender la enrarecida atmósfera que rodea sus historias.
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La señorita va por lo verde
La señorita
del abanico,
va por el puente
del fresco río.
Los caballeros
con sus levitas,
miran el puente
sin barandillas.
La señorita
del abanico
y los volantes
busca marido.
Los caballeros
están casados,
con altas rubias
de idioma blanco.
Los grillos cantan
por el Oeste.
(La señorita,
va por lo verde).
Los grillos cantan
bajo las flores.
(Los caballeros,
van por el Norte).
Federico García Lora, Canción china en Europa
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viernes
martes
Condenado
Julio escabullía las relaciones serias, se escondía no de las mujeres sino de la seriedad, ya que sabía que la seriedad era tanto o más peligrosa que las mujeres. Julio sabía que estaba condenado a la seriedad, e intentaba, tercamente, torcer su destino serio, pasar el rato en la estoica espera de aquel espantoso e inevitable día en que la seriedad llegaría a instalarse para siempre en su vida.
Alejandro Zambra, Bonsái
lunes
Una construcción propia
Solo el hombre, como ser autorreflexivo, lleva “dentro de sí el tiempo”.
Pero en realidad, como si fuera una paradoja, el proceso temporal envuelve no solo lo humano, sino todo lo que existe.
El hombre participa del tiempo de la naturaleza, pero también hace del tiempo una construcción propia.
Julián Aróstegui
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domingo
Id al cine
Jean-Paul Sartre sorprendió en sus años de profesor de Filosofía a padres y alumnos de su instituto cuando en una conferencia que en principio sólo era sobre su especialidad, les dijo: "Chicos, id al cine, id mucho al cine". Porque sin duda una manera de introducirse en algunas complejidades y perplejidades de la vida era -y es- ir al cine.
Manuel Gutiérrez Aragón
Un cine de Argüelles
El Cine California, donde se estrenó ¿Qué se puede hacer con una chica?, viejo cine de barrio de Argüelles donde había visto tantos programas dobles desde mi infancia, se había reformado y convertido en una sala de arte y ensayo.
La noche del estreno de la película era también el estreno del antiguo cine restaurado. Los viejos acomodadores se sentían muy orgullosos con su uniforme nuevo. Era la primera vez que oficiaban un estreno. Como toda la semana anterior, incluida la noche anterior y hasta tres horas antes del estreno, Ángela y yo habíamos estado ayudando a clavar filas de butacas, a ajustar el formato del proyector, a instalar un amplificador para el primitivo sonido directo de la película y a colocar afiches improvisados (era una película hecha sin dinero), nos habíamos hecho muy amigos del proyeccionista y de estos viejos acomodadores.
Para ellos yo era un chico del barrio que había tenido éxito y el primer director de cine que conocían. Además, las primeras semanas después del estreno me pasaba por el cine casi todos los días para estudiar las reacciones del público y para vigilar el estado de la copia (…) También muchos días, al despertarme, creía que todo había sido un sueño y corría al cine para verlo lleno de gente.
Antonio Drove
sábado
Confites
La sobrinita se lamentaba "¡Qué terribles son las gallinas murmuradoras y rebusconas!" La manera de hablar la niña era del gusto de Cervantes.
Él se interesaba por las palabras como los niños por los confites y los jugadores por sus bazas.
Ramón J. Sender, Las gallinas de Cervantes
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