Escribir para nadie
Costafreda fue el “maldito” de la generación de los cincuenta. (...) los elogios convivieron con el claro rechazo de la sociedad literaria hacia su obra.
Ya en vida se le dejó de citar y excluyó sistemáticamente de todos los recuentos y antologías, algo que soportó muy mal, hasta el punto de sentirse separado de todo y de todos, de su país y de la mayor parte de los que seguían considerándose sus amigos. Al final, comentó alguien, escribía para nadie.
Enrique Vila-Matas, Sucesores de Costafreda
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