Macedonio llega tarde, pero temprano, para sorpresa de todos. El retraso se explica además si se recuerda que una de sus peregrinas teorías (desarrolló varias: sobre la psiquis, el Estado, la salud) era que la literatura bien podía no escribirse y que los libros no eran realmente indispensables: el origen y el fin del fenómeno literario estaba en el acto de pensarlo y nada más.
(...) En nuestro siglo XX hay muy pocas figuras que puedan superar en extrañeza a Macedonio, al mismo tiempo que en humildad y consecuencia -si eso se puede decir- con un espíritu de total anarquía que era para él la única manera de responder al impenetrable enigma de vivir y saber que estamos viviendo. Por sentir y expresar, antes que nadie entre nosotros, el sentimiento del absurdo es, sin duda, en gran precursor de nuestra vanguardia...
(...) Macedonio amó la soledad, la quietud, el ocio mentalmente activo; lo que escribió es una pequeña fracción de lo que pensó en la privacidad de su hogar o en pequeños círculos de amigos.
(...) Macedonio ejerció la actividad literaria casi a pesar suyo, como un fantasma amable, irónico y juguetón.
(...) El desorden en que tenía sus papeles es legendario, igual que su resistencia a organizarlos como libros. Dejarlos dispersos por todas partes, metidos entre los muebles, regados por el piso o deliberadamente escondidos era para él la forma natural en que debía vivir la literatura, no definitivamente fijada entre las páginas de un volumen; hasta consideraba que las erratas no eran sino benéficas intervenciones del azar, que mejoraban el original.
(...) Casi todos sus textos son editorialmente cuestionables y algunos fueron desglosados de páginas en las que había juntado indiscriminadamente
poesía, novelas, relatos, ensayos, etc.
(...) Sus Obras completas comenzaron a editarse en 1974 y suman nueve tomos. No importa cuánto se logre exhumar y compilar, habrá que considerar su obra siempre incompleta, dispersa y -como la de Duchamp- definitivamente inacabada o solo "totalmente empezada".
José Miguel Oviedo, Historia de la literatura hispanoamericana, 3. Postmodernismos, vanguardia, regionalismo. pp. 298-301
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