Resulta asombrosa la cantidad de licencias que puede tomarse un novelista. Aunque, claro, la esencia de las novelas consiste en tomarse licencias. El novelista finge ser una anciana señora que se quedó huérfana en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, que tiene enterrado a un hijo en el cementerio de Chacarita en Buenos Aires…
La función del escritor consiste en transformar el hecho en ficción y la ficción en hecho. Tiene que hacer que el primero parezca una historia interesante y que la segunda parezca creíble para los lectores.
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