domingo

Subir

— ¿No tiene llave?
— ¿Llave?

Moví mi llavero con mis tres llaves delante de sus ojos. El inspector salió conmigo del ascensor y sonrió.

— Llave del piso de la viuda, las mujeres mayores suelen dejarle una llave a sus vecinas de confianza.
— Yo no era su amiga, apenas la veía de vez en cuando en el ascensor.
— ¿En este ascensor?

Empecé a pensar que ese inspector no podía ser tan simple, que estaba haciendo un papel.

— Sí, claro. En este ascensor, subía con ella hasta aquí, después yo bajaba y ella seguía hasta su piso.
— ¿Cómo sabe que subía hasta su piso?
— Tiene razón, no lo sé, solo lo supongo.
— Vamos a subir.
— ¿Qué?
— Suba conmigo, por favor, a ver si entre los dos adivinamos algo.

No sé por qué acepté, quizás por esos ojos que parecían estar pidiendo socorro, o quizás solo porque nada tenía sentido. 

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas




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