Desde que los viejos se fueron a la residencia todos los días entran en su casa. Yo los oigo desde mi habitación y los puedo ver desde la ventanita del cuarto de baño.
Es una pareja y los conozco. En realidad lo conozco a él, es un hombre de mediana edad que vende fruta en el local de abajo. Tiene una mujer muy simpática y dos niñas pequeñas. Desde que se fueron los viejos sube tres días a la semana con una mujer joven a la que yo nunca había visto por el barrio.
Cuando veo al tendero no me atrevo a mirarle a los ojos, bajo la voz y parece que sea yo la que lleva una culpa en la espalda. Él, sin embargo, es muy amable conmigo, me recomienda la mejor fruta y a veces me regala alguna pieza.
Greta Sholutskaya, Reinicio
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