Apuntes inconexos sobre terremotos, mariposas,causas y azares.
sábado
Lección de arte con Rafael Sánchez Ferlosio (II)
Mía es la venganza, yo la pagaré
Mihi uindicta, Ego retribuam
Si no debe ignorarse
la intención pedagógica tradicional de la pintura cristiana, más
inexcusable será pasar por alto la grandiosa lección de teodicea de una
representación mundialmente conocida y admirada como la del Juicio Final
en la Capilla Sixtina.
Sentado como en un escabel en la parte alta del centro del cuadro y
con un tamaño algo mayor que el de las figuras que lo rodean, Cristo
aparece semidesnudo, cubiertos sólo el hombro izquierdo y el regazo, el
cuerpo levemente escorado hacia la izquierda como acompañando al rostro,
que forma ya un perfil de algo más de tres cuartos hacia ese mismo
lado; del poderoso torso se levanta el brazo derecho, bien musculado,
formando un ángulo algo menos que recto con el antebrazo, que remata en
la mano abierta, con los dedos separados pero curvados en forma de
concha, como formando un espejo cóncavo que concentrase los rayos de
luz, ahora rayos de ira, hacia el mismo rincón inferior de la izquierda
al que apunta la mirada: el rincón más oscuro del cuadro, donde se
retuercen los réprobos: la mano del Salvador no está salvando, está
condenando. El Hijo no se hizo hombre para redimir a los hombres, sino
para vengar al Padre.
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