miércoles

Ángeles

En el medio del escenario había una puerta.

Una puerta en medio de cualquier lugar es algo absurdo si no está en medio de un escenario.

Linda Firenze era igual que aquella puerta.

— Dirígete a la puerta, Linda.

Linda caminó por el escenario, le pareció que caminaba cientos de metros, que el tiempo se estiraba como una goma hasta que, por fin, llegó hasta la puerta.

— Creí que no llegaba nunca.

El tipo que le hablaba de la oscuridad sonrió, pero nadie pudo verle.

— ¿Qué has visto?
— ¿Ahora?
— Sí, en tu camino hasta la puerta ¿qué has visto?
— Me he visto a mí misma.
— ¿Ah sí? Cuéntame eso.
— Me he visto desde distintos puntos de vista, como si yo estuviera en un teatro y me viera caminar.
— ¿Y qué te ha parecido?
— Me ha gustado oír mis tacones sobre la madera.
— Los tacones de las actrices siempre impresionan.
— No sabía que sonaba tan bien.
— Solo suenan bien si caminas bien.
— ¿Lo he hecho bien, entonces?
— No seas modesta, Linda Firenze, sabes que caminas como los ángeles.

Nazaré Lasacano, Cuentos de Parque Chas

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